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Después de la lluvia

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Se oye caer la noche y con ella el chirrido de las ranas. Polifonía oblicua: cercas, lejos, al lado, allá. Unos sonidos son diálogos, otros melodías. El frescor de la noche: agradecimiento, oración, canto... era aquella sinfonía nocturna en clave de ranas, de luciérnagas y de grillos. Apartado y lejano de mi infancia, polífonos sonidos imperceptibles. Agobiado por la carga cotidiana me olvidé de este espectáculo nocturno. La ciudad no solo tapa las estrellas, también mis sentidos para no experimentarme y borra el acceso a la memoria del lugar donde crecí. Hoy... pude reconocer estos sonidos en mi interior. El sonido de polifónico de diversos animales estaba en el pentagrama negruzco de la noche. Me conectaba con aquellos días de lluvia, con aquel lugar de chirridos y de música de ranas.

El objeto indirecto de la sociología

Samuel Hernández Vázquez Roberto Blancarte en el periódico Milenio el martes 2 de diciembre (2014) publicó una nota sobre la muerte de Émile Poulat, sociólogo francés, especializado en temas de religión, específicamente, sobre el estado laico. Roberto Blancarte, además de enfatizar su relación con Poulat, su influencia intelectual y los temas en común, termina con una frase que a simple vista me hizo dudar: “Eso como Dios, es irrelevante en términos sociológicos”.  Desde mi lectura “eso” se refiere al énfasis de los aspectos personales de su vida, cosa fútil, de poco aprecio o importancia. Pero sobre todo “eso” se refiere a las “convicciones personales”, que resultan fútiles para ciencia. En sociología no se habla de Dios, ni mucho menos es su objeto. La sociología trata sobre las relaciones de las personas y los sentidos que dan a esas relaciones, a las instituciones, al mundo. Hablar de Dios directamente a la sociología no le corresponde. Sin embargo, sí puede hablar del...

Consumo cultural en Zapotlanejo, Jalisco.

El sábado 11 de febrero de 2017 se presentó en concierto el grupo de rock UNO OTTATIVIPI, en la plaza principal, a un lado de la casa de la cultura de Zapotlanejo. Sin duda alguna, el grupo causó sensación y revuelo en el gusto de espectadores, pequeños círculos sociales de la población. El evento aunque auspiciado por la casa municipal, recreó y ambientó bajo la luna llena con canciones clásicas y propias del grupo. Fuera del marco pautado y la poca interacción constreñida por el espacio público, la presentación fue un espectáculo extraordinario para los lugareños. Con motivo de este evento quisiera reflexionar en torno a la cultura popular, esta vez, no para su defensa, sino para hacer una crítica a los consumos culturales de los grupos juveniles de Zapotlanejo. El consumo musical de las mayorías es por excelencia la música regional o la banda, norteño (en sus diferentes evoluciones actuales), y el reguetón, gusto regionalizado en nuestro país. Estos estilos musicales construyen...
Capítulo de libro: Hernández Vázquez, S. (2015). “ Modernidad en crisis, permanencias y resistencias culturales: el peso de la urbanización en San Francisco Tesistán ”, en: Cuevas Peña, A., Romo Torres, R. (Coords.) Crisis, identidad y reconocimiento. Variaciones sobre actores e instituciones , Universidad de Guadalajara, México, pp. 95-112. Resumen: Experimentamos nuestra época contradicciones propias del ser humano, el sabor de las contradicciones fraguadas en sociedades globalizadas y locales. Estamos en el umbral de una nueva época, en la que el pasado pesa y los cambios son tan rápidos, que se ha vuelto un torbellino o vorágine donde solo hay algunos indicios o direcciones de los nuevos futuros posibles que se avecinan o se pueden vislumbrar. El crecimiento urbano de la ciudad de Guadalajara trae consigo trasformaciones culturales y resignificaciones de espacio. La fiesta patronal funciona como catalizador y resguardo de la identidad y memoria del pueblo ...

Lo otro que yo

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¿Cómo reconocerme a “mí mismo” cuando en mí hay otros tan presentes como yo? Yo, soy lo otro, el otro, lo diverso y semejante. Aquello que no reconocí y que no quiero ser, que niego. Yo soy todo y nada de las personas con que he interactuado. ¿Cómo no reconocerme? ¿Cómo no conocerme? ¿Cómo no conocer aquello de lo que fui, de lo que soy? Toda esta brutal insatisfacción, falta de espacio, de suerte: aglomeración, conglomeración, multitud, masa. La lucha por el reconocimiento, pero por sobre todo, la lucha por mi lugar en la masa. Aquél en el que me reconocí, reclama mi lugar, mi posición, mi circunstancia. No hay nada seguro. El espacio que propone la demografía no existe, es ficticio. No es egoísmo. Amanecí y todo estaba lleno, ocupado. Hace falta espacio, espacio que me han quitado, como rapazmente lo he quitado. Masa, legión, número, así nos llaman. La catástrofe es masiva, pero ni con la defunción de miles de personas encuentro mi lugar; todo ya está vivido, acotado a un guion...

Incidencia

Tantas cosas que plasmar y algunas de ellas frivolidades. En el mucho hablar no faltará pecado y mis impresiones son tan subjetivas y egoístas como las de cualquier niño. Trato de buscar en las cosas el lado bueno y a veces busco su sentido. Aquellos infortunios y problemas, aquellas dificultades como la muerte y la vida. La vida azarosa llena de obstáculos, tristezas, decepciones que algunos afectan y a otros ayudan. Infortunios e infelicidad de no gozar el objeto de deseo. La muerte que nos quita por completo la existencia. La poesía cuenta lo que el hombre en verdad es, su tragedia, su drama: ese sentido oculto por la vida, por los dioses, por el destino; su menesterosidad e indigencia. Ni los dioses responden a tanta insistencia. “Zeus: ¡Oh dioses! ¡De qué modo culpan los mortales a los númenes! Dicen que las cosas malas vienen de nosotros, y son ellos quienes se atraen con sus locuras infortunios no decretados por el destino” (Homero, La Ilíada). Samuel Hernández Vázquez

Oda al recuerdo de un guamúchil

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Me criaste entre tus ramas, de tus frutos primaverales me servía, no sólo de tu sombra y abrigo.   Aquella infancia eterna, como tú: fuerte, lozano, frondoso… Eras tú, majestuoso árbol, quien me conectaba con el mundo de la imaginación .   ¡Te recuerdo, oh guamúchil!  Como a mi infancia lejana, crisálida y sombría. ¡Como...! Como una parte de mí.   ¿Era yo..., eras tú..., tus frutos?  Era…, me invade la nostalgia. T u abrigo se perdió en la negrura y espesura de la noche.   Te veo en la distancia, lejano de mí, incierto, inmóvil. Ya no me llamas ni por tus  ramas ni por tus  frutos . Samuel Hernández Vázquez