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Atisbos del Corazón.

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¡Azul! No sé qué color… Cada mañana se torna oscura; mis oblicuidades, todas, están opacas. Mi cuerpo en constante tensión, el ruido mundanal ha tronado mis sentidos. La sensación de mediocridad corre por mis venas. Vomito constantemente. Soledad, prisión y desilusión adornan mi cuarto, no sé cuánto tiempo serán mis compañeros. ¿Amargura? Lo dulce solo se saborea cuando la hartura contrasta con lo amargo. Muero a cada instante dejando hedor por doquier. La libertad que poseo no deja que vea la luz por la ventana; libertad condicionada, atrapada en la locura y sobriedad; por la comodidad y el encanto… ¡qué pesadez! Mis ideas están sumidas y atrapadas, no salen. Atrofiado, atascado de vida en honda muerte. No hay claridad: sombra, muerte, nada. Aquí solo huele a podredumbre ¿qué más? Amargura sin límite: ¡Saboread! Que hay hasta saciar.

Olvido

Cómo después de haber sido dices llenarlo de olvido y figurar que nada pasó. Yo te grito al oído que: no olvido lo vivido y que tu estampa en mi penetró. Lo que nunca me haya acontecido contigo digo haberlo sentido y que nunca se desvaneció. Mi amor nada empobrecido lo desprendo enardecido y dices: ¡Terminó! Elevaste el amor mío, no espero nada ni tu descuido, cuando tú fuiste, todo inició. Samuel Hernández vázquez 

Narrativas de depredación

Tierras áridas En este pequeño ensayo quisiera plasmar algunas ideas que Eduardo Galeano, con la lectura del libro de “Las venas abiertas de América Latina”, que me inspiró o de alguna manera me llevó a ello. Con la conquista de América y con los nuevos productos traídos de Europa, se inicio una rápida y prolongada exterminación de las riquezas naturales de las nuevas tierras, que en la actualidad ya no existen, más que en nuestro recuerdo. Tal vez nazca este sentimiento por las experiencias que en mi familia se dieron. Mi papá toda su vida fue campesino “mediero” y al principio –nos  cuenta– que fue trabajador –jornalero de estos grandes señores que monopolizaban las tierras–; con algunos años de trabajo en los E.U. se hizo poco a poco de una vacas y un terreno propio donde vivir. Todo esto como preámbulo de la devastación que se dio en una zona llamada San Roque, donde a esta zona le daba vida el rio de Calderón, era una zona –recuerdo, porque mi papá nos llevaba a tra...