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Veinte centavos

Vivía en una familia devota y temerosa de Dios, normal y como todas las familias del pueblo. Recordé cuando mi mamá nos llevaba de paseo a casa de un cura. Su amigo. Se conocieron desde que estaba en el seminario. Lo apoyaron mucho, sobre todo las familias campesinas y pobres del barrio. Esta vez ya era sacerdote. En casa de sus padres, también campesinos, típica de rancho, constaba dos cuartos, divididos por un pasillo desde la entrada hasta el corral, un amplio patio con arboles frutales, guajolotes y gallinas. Nos quedamos todo el día. Por la tarde celebró una misa en el templo a la que todos asistimos. Regresamos y mis papas platicaban de cosas de adultos, para mi era muy aburrido. El prestigio de ser amigos del padre es casi un boleto gratis al cielo, oración 24/7 y un servicio directo con Dios. Este día pasó un hecho que puede ser revelador en la apreciación con el amigo de mi madre. Tenia siete años. Me llamó mucho la atención ver un montón de dinero en la cama donde estab...

Pensamientos de una niña

     C reo que las flores hablan, y a veces las nubes juegan, que el viento les dice cosas gratas y viene a charlar con ellas. Creo que el sol canta, y sale a dar un paseo con su auriga dorada, que toca todo mientras pasa, con desdén marchita y con ternura abraza. Creo que la luna nos atrae con su fuerza de plata; que arranca suavemente, con movimiento dulce y sereno, la oscuridad triste, frívola y solitaria. Creo que los arboles con raíces eternas comunican a la tierra el trajín del día, que le cuentan bellas melodías, mientras los días pasan. Creo que los pájaros envueltos en papel, alegran  el cielo con sus colores, que  envidio  sus bellas alas; sueño lejos  volar con el corazón y mis amores. Creo que Dios no me quita su mirada, ni la de estos bellos paisajes; que  los ángeles  alegres vuelven, con maravillas del hombre amante. Josefina Lozano Díaz Samuel Hernández