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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuento corto. Descripción

Club de verano

Las vacaciones escolares coinciden con el verano y el temporal de lluvias. Todo enverdece, matorrales altos en las praderas alejadas al pueblo, por los ríos corre el agua que escurre de los cerros. Eran de un periodo corto, que luego tornasen amarillos. Desde aquella casa se observan las praderas multicolor florecer y en un suspiro desaparecer. Allí reinaba la juventud y la pobreza de costumbres. El cielo estaba todo azul, el sol muy ardiente. Las moscas tenían reflejos verdes y zumbaban, tarareando cálidas canciones. En el cielo trinaban pájaros de diferentes colores sin cesar. Lo más divertido era que no teníamos que ir a la escuela, porque siempre tenía prioridad, además del trabajo familiar. Las expediciones para conocer lugares insólitos no se hacían esperar, sobre todo los prohibidos. En la cuadra había dos clubes de Toby organizados por edades. El club del Llano, así le llamaban al club de los adultos; jovenes expertos, enseñaban y tutoraban en el mundo de las artimañas, le...

Veinte centavos

Vivía en una familia devota y temerosa de Dios, normal y como todas las familias del pueblo. Recordé cuando mi mamá nos llevaba de paseo a casa de un cura. Su amigo. Se conocieron desde que estaba en el seminario. Lo apoyaron mucho, sobre todo las familias campesinas y pobres del barrio. Esta vez ya era sacerdote. En casa de sus padres, también campesinos, típica de rancho, constaba dos cuartos, divididos por un pasillo desde la entrada hasta el corral, un amplio patio con arboles frutales, guajolotes y gallinas. Nos quedamos todo el día. Por la tarde celebró una misa en el templo a la que todos asistimos. Regresamos y mis papas platicaban de cosas de adultos, para mi era muy aburrido. El prestigio de ser amigos del padre es casi un boleto gratis al cielo, oración 24/7 y un servicio directo con Dios. Este día pasó un hecho que puede ser revelador en la apreciación con el amigo de mi madre. Tenia siete años. Me llamó mucho la atención ver un montón de dinero en la cama donde estab...

II Antonieta

II Antonieta A ella se la llevaron a los Estados Unidos y no volvió. "Salió listilla desde chiquilla", dicen los que han vuelto a ver, pues le quitó el marido a su   hermana . De niña era gordita, rubia, de ojos cafés y cara redonda. Vivía a dos casas de la mía.  Con el  pretexto para  quedarme a jugar l legaba a pedir limones . Nos atardecíamos en el segundo piso de su casa, todavía en obra negra. ¡Los niños no tienen malos pensamientos! ¡son puros! Nadie cuestiona su inocencia. Los padres  ni tiempo tienen de verlos crecer,  trabajan  como mulas.  No tuve sexo c on ella,  como con Felipa, pero fue la primera en mostrarme su vagina  virginal , era totalmente hermosa, no tenía vello aún, indescriptible. Sus senos apenas unas perlitas, acaramelados.   No fue el gran amor de mi vida, pero sí, la gran maestra en la templanza; nunca dejó que introdujera mi pene, solo jugueteos... ardientes y pasionales, y a veces fugaces....

I Felipa

I Felipa Fama de “Don Juan”, ¿Yo? No.  Mi precocidad sexual en aquel ambiente era normal. No por nada cuidan muy bien a las mujeres, las educan en la virtud y pureza como a la Virgen María. Las relaciones sexuales a temprana edad, es cosa sabida, no porque yo lo hiciera, sino porque ahí se inicia con esta expetiencia. ¡Pobre de Felipa! Tan guapa, tan alegre, tan jovial…  C ómo pensar que sus padres la iban a correr de su casa.  ¡Qué ingratos!  Nada más se echo a perder, y la abandonaron.  La pobre no tuvo más asilo que con las putas de la cantina -las únicas misericordiosas, que ante aquella desgracia le dieron asilo-, de mala fama sí, pero muy profesionales en sus quehaceres (1). Con Felipa disfruté mucho, sobre todo las calenturas en el corral de su casa. ¡Horas benditas! Aún recuerdo que salía corriendo poniéndome los calzones, cuando su mamá les daba de comer a los puercos. Otras veces, terminábamos de enamorados, pero como éstas me dejaba bien ...

Atisbos del Corazón.

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¡Azul! No sé qué color… Cada mañana se torna oscura; mis oblicuidades, todas, están opacas. Mi cuerpo en constante tensión, el ruido mundanal ha tronado mis sentidos. La sensación de mediocridad corre por mis venas. Vomito constantemente. Soledad, prisión y desilusión adornan mi cuarto, no sé cuánto tiempo serán mis compañeros. ¿Amargura? Lo dulce solo se saborea cuando la hartura contrasta con lo amargo. Muero a cada instante dejando hedor por doquier. La libertad que poseo no deja que vea la luz por la ventana; libertad condicionada, atrapada en la locura y sobriedad; por la comodidad y el encanto… ¡qué pesadez! Mis ideas están sumidas y atrapadas, no salen. Atrofiado, atascado de vida en honda muerte. No hay claridad: sombra, muerte, nada. Aquí solo huele a podredumbre ¿qué más? Amargura sin límite: ¡Saboread! Que hay hasta saciar.

Encuentros inmaculados

Un joven delgado, alto, pelo rapado y sucio, caminaba hacia Plaza del Sol con toda intensión. No lo hubiera percibido hasta que, a dos metros de distancia, se para frente a mí. Me genera sorpresa --lo escaneo en una mirada de milisegundos en caso de amenaza. Sale de su boca una voz tenue pero segura: -V oy a Plaza del Sol, necesito dos pesos para tomar el camión ¿me los da? En la primera pausa de la frase pensé que preguntaba para orientarse, rápido ideé una respuesta, pero no era esa la pregunta. La intención clara y firme de aquel joven me hizo sacar sin titubear el dinero del bolsillo. Estiró la mano y le doy dos pesos. Los tomó y siguió su camino. Me quedé observando aquella fantasmagórica, extraña, misteriosa y ensimismada figura en la distancia. A unos veinte pasos volteó, se encorvó un poco, no escuché su voz, pero vi en el movimiento de sus labios un ¡gracias! … el joven se perdió en la nada de aquel paisaje urbano. @muelcoco