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I Felipa

I Felipa Fama de “Don Juan”, ¿Yo? No.  Mi precocidad sexual en aquel ambiente era normal. No por nada cuidan muy bien a las mujeres, las educan en la virtud y pureza como a la Virgen María. Las relaciones sexuales a temprana edad, es cosa sabida, no porque yo lo hiciera, sino porque ahí se inicia con esta expetiencia. ¡Pobre de Felipa! Tan guapa, tan alegre, tan jovial…  C ómo pensar que sus padres la iban a correr de su casa.  ¡Qué ingratos!  Nada más se echo a perder, y la abandonaron.  La pobre no tuvo más asilo que con las putas de la cantina -las únicas misericordiosas, que ante aquella desgracia le dieron asilo-, de mala fama sí, pero muy profesionales en sus quehaceres (1). Con Felipa disfruté mucho, sobre todo las calenturas en el corral de su casa. ¡Horas benditas! Aún recuerdo que salía corriendo poniéndome los calzones, cuando su mamá les daba de comer a los puercos. Otras veces, terminábamos de enamorados, pero como éstas me dejaba bien ...

Olvido

Cómo después de haber sido dices llenarlo de olvido y figurar que nada pasó. Yo te grito al oído que: no olvido lo vivido y que tu estampa en mi penetró. Lo que nunca me haya acontecido contigo digo haberlo sentido y que nunca se desvaneció. Mi amor nada empobrecido lo desprendo enardecido y dices: ¡Terminó! Elevaste el amor mío, no espero nada ni tu descuido, cuando tú fuiste, todo inició. Samuel Hernández vázquez 

Planteamientos filosóficos y antropológicos

Persona y trascendencia desde la “Antropología Metafísica” de Julián Marías (III) En toda la obra “Antropología metafísica” (1998) de Julián Marías, encontramos que la persona es irreductible a cualquier cosa, que no posee su ser por completo y siempre está en constante desarrollo, crecimiento, y movimiento, con vistas a un fin, una motivación o incluso una dirección inevitable. El ser hombre se reduce al ser personal por ser un concepto más amplio, y contiene todas las dimensiones del hombre y sus horizontes. Encontramos un párrafo donde Marías habla del ser personal: La persona humana aparece como criatura, de realidad recibida pero nueva e irreductible, menesterosa e indigente, consignada a una estructura empírica cerrada y avocada a la mortalidad pero consistente en espera incesante: un proyecto perdurable que lucha con la muerte. “Lo que” yo soy es mortal, pero “quien” yo soy consiste en pretender ser inmortal y no puede imaginarse como no siéndolo, porque mi vida es la ...