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Mostrando las entradas etiquetadas como Recuerdos de infancia

Veinte centavos

Vivía en una familia devota y temerosa de Dios, normal y como todas las familias del pueblo. Recordé cuando mi mamá nos llevaba de paseo a casa de un cura. Su amigo. Se conocieron desde que estaba en el seminario. Lo apoyaron mucho, sobre todo las familias campesinas y pobres del barrio. Esta vez ya era sacerdote. En casa de sus padres, también campesinos, típica de rancho, constaba dos cuartos, divididos por un pasillo desde la entrada hasta el corral, un amplio patio con arboles frutales, guajolotes y gallinas. Nos quedamos todo el día. Por la tarde celebró una misa en el templo a la que todos asistimos. Regresamos y mis papas platicaban de cosas de adultos, para mi era muy aburrido. El prestigio de ser amigos del padre es casi un boleto gratis al cielo, oración 24/7 y un servicio directo con Dios. Este día pasó un hecho que puede ser revelador en la apreciación con el amigo de mi madre. Tenia siete años. Me llamó mucho la atención ver un montón de dinero en la cama donde estab...

Oda al recuerdo de un guamúchil

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Me criaste entre tus ramas, de tus frutos primaverales me servía, no sólo de tu sombra y abrigo.   Aquella infancia eterna, como tú: fuerte, lozano, frondoso… Eras tú, majestuoso árbol, quien me conectaba con el mundo de la imaginación .   ¡Te recuerdo, oh guamúchil!  Como a mi infancia lejana, crisálida y sombría. ¡Como...! Como una parte de mí.   ¿Era yo..., eras tú..., tus frutos?  Era…, me invade la nostalgia. T u abrigo se perdió en la negrura y espesura de la noche.   Te veo en la distancia, lejano de mí, incierto, inmóvil. Ya no me llamas ni por tus  ramas ni por tus  frutos . Samuel Hernández Vázquez