Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como drama

Club de verano

Las vacaciones escolares coinciden con el verano y el temporal de lluvias. Todo enverdece, matorrales altos en las praderas alejadas al pueblo, por los ríos corre el agua que escurre de los cerros. Eran de un periodo corto, que luego tornasen amarillos. Desde aquella casa se observan las praderas multicolor florecer y en un suspiro desaparecer. Allí reinaba la juventud y la pobreza de costumbres. El cielo estaba todo azul, el sol muy ardiente. Las moscas tenían reflejos verdes y zumbaban, tarareando cálidas canciones. En el cielo trinaban pájaros de diferentes colores sin cesar. Lo más divertido era que no teníamos que ir a la escuela, porque siempre tenía prioridad, además del trabajo familiar. Las expediciones para conocer lugares insólitos no se hacían esperar, sobre todo los prohibidos. En la cuadra había dos clubes de Toby organizados por edades. El club del Llano, así le llamaban al club de los adultos; jovenes expertos, enseñaban y tutoraban en el mundo de las artimañas, le...

Veinte centavos

Vivía en una familia devota y temerosa de Dios, normal y como todas las familias del pueblo. Recordé cuando mi mamá nos llevaba de paseo a casa de un cura. Su amigo. Se conocieron desde que estaba en el seminario. Lo apoyaron mucho, sobre todo las familias campesinas y pobres del barrio. Esta vez ya era sacerdote. En casa de sus padres, también campesinos, típica de rancho, constaba dos cuartos, divididos por un pasillo desde la entrada hasta el corral, un amplio patio con arboles frutales, guajolotes y gallinas. Nos quedamos todo el día. Por la tarde celebró una misa en el templo a la que todos asistimos. Regresamos y mis papas platicaban de cosas de adultos, para mi era muy aburrido. El prestigio de ser amigos del padre es casi un boleto gratis al cielo, oración 24/7 y un servicio directo con Dios. Este día pasó un hecho que puede ser revelador en la apreciación con el amigo de mi madre. Tenia siete años. Me llamó mucho la atención ver un montón de dinero en la cama donde estab...

Encuentros inmaculados

Un joven delgado, alto, pelo rapado y sucio, caminaba hacia Plaza del Sol con toda intensión. No lo hubiera percibido hasta que, a dos metros de distancia, se para frente a mí. Me genera sorpresa --lo escaneo en una mirada de milisegundos en caso de amenaza. Sale de su boca una voz tenue pero segura: -V oy a Plaza del Sol, necesito dos pesos para tomar el camión ¿me los da? En la primera pausa de la frase pensé que preguntaba para orientarse, rápido ideé una respuesta, pero no era esa la pregunta. La intención clara y firme de aquel joven me hizo sacar sin titubear el dinero del bolsillo. Estiró la mano y le doy dos pesos. Los tomó y siguió su camino. Me quedé observando aquella fantasmagórica, extraña, misteriosa y ensimismada figura en la distancia. A unos veinte pasos volteó, se encorvó un poco, no escuché su voz, pero vi en el movimiento de sus labios un ¡gracias! … el joven se perdió en la nada de aquel paisaje urbano. @muelcoco

Diáfana espera

Imagen
Esperar, esperar, ... que pronto la desesperación se vuelca en calma. Hay cosas que no he captado su existencia o al menos, aún no he aprehendido su sentido. Con la espera no se gana nada, se adquiere experiencia en los sentidos, para ver pasar el mundo de “otros” o de “Aquel Otro”. La espera engendra un tipo de visión acorazada, vuelto común, que ya no permite saborear la amarga desesperanza. Pasa el tiempo, diáfana faena, como “otro”,  oblicua soledad impenetrable. La espera engendra conocimiento, aquel muy sabio: “las perlas no se echan a los puercos”. Emana un brillo tenue, grisáceo, suave que no le es propio y resplandece gracias a un brillo mejor: el de una recompensa o el de una profecía. El tiempo, transcurrido en mi presencia me devela en la esencia de las cosas, como si lo “otro” fuera muy parecido a mí, como si le reclamara en mis acciones. Mi condición también se desnuda a sabiendas de que no hay nada que temer en mi oscura soledad. Busco un punto acorazado, a...